Fachada & Compañía: Una Guía No Solicitada sobre la Convivencia Familiar

¿Cansado de los cuentos de hadas donde todos son felices para siempre? Adéntrate en el hogar de los Perfecto, donde la cena familiar es un deporte de contacto emocional y el amor se mide en críticas pasivo-agresivas. Esta no es una historia. Es un espejo con un marco muy bonito.

Bienvenidos, damas, caballeros y espectadores neutrales, al espectáculo más longevo de la historia humana: La Familia. Un término que evoca calidez, unidad y un nudo en el estómago cuando suena el timbre en Nochebuena.

Nuestra historia comienza, como todas las grandes mentiras, en una casa perfecta en un vecindario perfecto. Es la hora de la cena en el hogar de los Perfecto. El aroma a lasaña precocinada, calentada con un toque de desesperación, llena el aire. Tomen asiento, el espectáculo está a punto de comenzar.

El Padre, don Carlos Perfecto, ocupa la cabecera de la mesa. Su trono. Tras un día agotador de aparentar que le importa su trabajo en una oficina que huele a café rancio y ambiciones muertas, ahora se enfrenta a su segundo turno: Aparentar que está presente. Su cerebro, en este preciso instante, no está calculando los impuestos ni preguntándose por la vida de sus hijos. No, no. Está realizando complejos cálculos mentales para determinar exactamente cuántos minutos debe permanecer sentado antes de poder retirarse "discretamente" al sofá con el pretexto de "revisar los partidos". Su sonrisa es tan firme y vacía como el saludo de un cajero automático.

La Madre, doña Elena Perfecto, es la directora de orquesta de este circo. Mientras reparte la lasaña con una sonrisa que podría curar el acero, su mente es un torbellino de listas de tareas pendientes, reproches silenciosos y la certeza de que alguien, en algún momento, va a manchar el mantel nuevo. Es una experta en el arte de la pregunta cargada. "¿Seguro que quieres más pan, cariño?" realmente significa "He notado que has ganado peso y, como tu felicidad es mi prioridad, te lo señalo con el disfraz de la preocupación maternal". Es una ingeniera social con delantal.

La Hija Adolescente, Lucía, es una filósofa existencial obligada a convivir con sus carceleros. Para ella, la cena familiar no es una comida; es un interrogatorio de la KGB con mejor menú. Cada "¿Y cómo te fue en el examen?" es un misil dirigido a su libertad. Su vida real transcurre en la pantalla de su móvil, bajo la mesa, donde sus verdaderos aliados, un grupo de chats con nombres crípticos, comprenden su lucha contra la opresión del mundo adulto, un mundo que, por cierto, le paga el Wi-Fi.

El Hijo Pequeño, Benji, de 8 años, es el único que aún no ha leído el manual de "Cómo Ser un Perfecto". Es un agente del caos. Mientras los otros interpretan sus papeles, él construye una fortaleza con sus guisantes y narra, en voz alta y con lujo de detalles, la épica batalla entre el Señor Puré de Patatas y el Ejército de Zanahorias. Es el recordatorio incómodo y pegajoso de que, antes de que la fachada se cementara, aquí hubo algo parecido a la espontaneidad.

Y así transcurre la velada. Una sinfonía de sonidos: el tintineo de los cubiertos, la televisión de fondo, el suspiro apenas audible de Lucía, y la voz de Elena preguntando: "¿Y si este fin de semana hacemos algo divertido todos juntos?".

Una pregunta que, en cualquier idioma, se traduce como: "Prepárense para dos días de sonrisas forzadas y fotografías que publicaré para demostrar lo unidos que estamos".

Porque esa es la verdadera "realidad familiar", queridos amigos. No es la ausencia de conflicto, sino el monumental esfuerzo colectivo por barnizarlo con una capa de normalidad brillante. Es el acuerdo tácito de que, mientras la foto de portada se vea bien, lo que ocurre detrás de la cámara puede ser un caos absoluto, siempre y cuando ese caos permanezca entre nosotros, los condenados a amarnos por decreto genético.

¿Y vivieron felices para siempre? Por supuesto que no. Pero vivieron. Y mañana, a las 7:30 en punto, volverán a sentarse a la mesa para fingir que eso es suficiente.

Fin de la transmisión. Pueden encender sus teléfonos otra vez. El mundo de las apariencias los espera.

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